el momento

El momento

 

Para escribir todo lo que contengo en este momento
Tendría que verter el desierto a través de un reloj de arena,
El mar a través de un reloj de agua,
Grano a grano y gota a gota
De los mares y arenales sin huellas, inconmensurables, mudables.
Porque los días y las noches de la tierra están rompiendo sobre mí,
Las mareas y arenas están corriendo a través de mí,
Y sólo dos manos y un corazón tengo para sostener
El desierto y el mar.
De todo ello, ¿qué puedo contener? Se me escapa y elude,
Las olas me arrojan a lo lejos,
El desierto se desliza bajo mis pies.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                  KATHLEEN  RAINE

El camino no elegido

El camino no elegido


Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Apenado por la imposibilidad de tomar ambos,
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Observando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se diluía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tomado quizás la elección acertada,
Pues era espeso y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía regresar sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

 

 

 

 

                              ROBERT FROST

Es tan blanca, tu piel, como la nieve...

Es tan blanca, tu piel, como la nieve...

 

 

Es tan blanca, tu piel, como la nieve.
La nieve quiere al sol por lo brillante.
Y el sol, que se enamora en un instante,
se acuesta con la nieve y se la bebe.

El sol, aunque es muy grande, no se atreve
a hacerse olvidadizo y arrogante:
se acuerda de su novia fulgurante
y se pone a llorar, y entonces llueve.

Y llueve y llueve y llueve y de repente
la lluvia se hace nieve: esta mañana
que nieva tanto en Londres, y ha nevado

luminosa y nupcial y blancamente
en jirones, tu piel, por mi ventana,
ningún sol, como yo, tan desolado.

 

 

 

 

 

 

 

                              FERNANDO DEL PASO

La luna

La luna

 

La luna se puede tomar a cucharadas
O como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
Y también alivia
A los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
Es mejor amuleto que la pata de conejo:
Sirve para encontrar a quien se ama,
Para ser rico sin que lo sepa nadie
Y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
Cuando no se han dormido,
Y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
Ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
Debajo de tu almohada
Y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
Para cuando te ahogues,
Y dale la llave de la luna
A los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
Y para los condenados a vida
No hay mejor estimulante que la luna
En dosis precisas y controladas
.

 

 

 

 

 

 

 

 

                         JAIME SABINES

OYES ESA MUSICA...

                                     OYES ESA MUSICA...

¿Oyes esa música
que cruza como luz la oscuridad        
mientras la oscuridad gira
y yo con ella?
¡Con qué fuerza
se abre paso        
y llega incluso
a mi lugar más remoto
cercado también de sombras!        
Pero el latido
que brota allí
nadie lo oye.
Nadie, como yo, sabe        
que existo
y creceré
y amaré
como aman estos brazos
que me sostienen        
porque no sé andar aún...
Pero escucha, escucha:
todos los árboles se mecen        
en la música.
Y en mi interior,
donde un secreto sol
me hace adivinar        
el sol secreto
de la oscuridad.

 

 

 

 CLARA JANÉS

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